Daniel Múñoz

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Daniel Múñoz

Mensaje por Sib el 17/9/2009, 23:46

Daniel Muñoz:
“La cueca es el único dinosaurio de nuestra cultura que se mantiene vivo”









El actor de la serie “Los 80” lleva una década entregándose a la música
nacional, y aunque lo han catalogado “el roto chileno 2.0”, al más
estilo neocriollo, dice estar aún en la búsqueda de este personaje.
Mientras, al ritmo de los platillos y el pandero, descubre el encanto
de la cueca brava, en una fiesta a la chilenidad que dura todo el año.


Miércoles 16 de Septiembre de 2009
Ángela Tapia F.
Fotos, Macarena Pérez.

Un preparado de vino con frutillas, servido en tarros de jurel tipo
salmón, tomaba “El Pata ‘e Gallina” junto a sus amigos buzos, cuando
Daniel Muñoz y los 3x7 Veintiuna, llegaron hasta la caleta “Los
Verdes”, en Iquique.

“El Pata ‘e Gallina” -al que le dicen así porque se crió a pata pelada-
aún es recordado por el actor de “Los 80” y su grupo de cueca brava,
por el cariño con el que los recibió, primero, sirviéndoles su dulce
bebida y luego preparándoles la especialidad de la casa: el “San
Valentín”, un plato de almejas, lengua de erizo y piure.

“Más allá estaba ‘El ceviche del amor’, después ‘El rompe catre’ -así
eran los nombres-, con un sabor, un gustillo criollo espectacular. Y
cuando mirabas (al ‘Pata ‘e Gallina’) veías lo curtido de su piel, sus
manos como cartílago con la sal. Con tanta generosidad y alegría
obviamente le devolvimos nosotros la mano, cantándole unas cuecas ahí
mismo. Se puso a llorar, porque se sintió parte de eso. Es la esencia
del roto chileno”, dice Muñoz.

Aunque asegura que todo el año está celebrando la chilenidad junto a
Félix Llancafil y los 3x7 Veintiuna, es durante este mes de Fiestas
Patrias que la cosa se pone mucho más movida, con presentaciones una
tras otra, sobre todo, tras haber lanzado recién su tercer disco “Al compás del 6X8”,
que presentarán este 18 en el Parque Inés de Suárez, en la Florida y en
Conchalí. El 19 de nuevo se tomarán Providencia, además del Casino
Monticelli, y cerrarán las presentaciones Dieciocheras el 20 de
septiembre, en la Fiesta de la Chilenidad en Maipú.

Daniel, el mismo hombre que ha hecho reír a carcajadas con sus
personajes de “El malo”, “El Carmelo” y “El Efe”, desde hace unos 10
años que viene entregándose al sonido nacional, animando las cuecas del
roto con el sonido de los platillos, el pandero o el tañador, todo,
según dice, gracias al don de la percusión que heredó de su papá, un
baterista que en San Fernando no paraba de seguir el ritmo de la música
donde fuera.

Si hasta lanzó el año pasado, junto a Pablo Padilla el libro “Cueca
brava. La fiesta sin fin del roto chileno” (Ril Editores), y por eso
hoy, en una sala de su casa en Ñuñoa, el actor que personifica a Juan
Herrera en “Los 80” -serie que le valió el Altazor de Mejor Actor de TV
de 2009- analiza la esencia del ritmo criollo y del personaje más
colorido de nuestro folclor, el que parece mantenerse aún vigente en el
obrero de la construcción, en el veguino y en el carretonero.

-Por ahí dicen tú eres el roto chileno 2.0.
“¡Ah, qué buena! Del siglo 21, neocriollo... Eso es un piroto. Me
encantaría ser roto chileno, pero para eso me falta muchísimo. Estoy en
la búsqueda de entender a este personaje, porque para ser roto se nace,
es muy difícil hacerse; hay una experiencia real, originaria, que tiene
que ver con el ser roto chileno”.

¿Qué es ser roto chileno?
“El ser roto chileno es el hombre o la mujer -la rota chilena- que
debido a circunstancias sociales deja su hogar, deja el terruño y se va
a buscar la vida. El término roto chileno es muy antiguo y habla un
poco de este patiperro, de este ser que se las arregla y vive por su
cuenta, amante de lo criollo, de su entorno, puntualmente de la cueca.
El que mejor la canta y la defiende es él. Sus depresiones se calman
cantando y bailando cueca”.

-¿Por qué existe esta unión tan fuerte entre el roto y la cueca?
“La cueca es el alma del roto y él la atesora como parte de su vida,
así que no se puede disociar uno del otro, por eso para cantar bien
cueca hay que entender al roto chileno, y esa es mi búsqueda constante.
Pero claro, mi situación social y mis orígenes no se acercan mucho a
sus sufrimientos. Parto por tratar de imitarlo y entender qué tengo yo
de eso.
“Es el hombre que se las arregla desde chiquitito, no tiene mayor
educación más que la calle, la vida misma, pero tiene un corazón
grande. Es un hombre noble, el caballero antiguo de la edad media en
cierto modo; tiene muy claro lo que quiere, es valiente, respeta a la
mujer, a los niños, a los ancianos, pero si le faltan el respeto se
para sin ningún problema. Es muy similar al gallo en valentía. El gallo
no retrocede nunca, es un ave que va adelante y mata o muere”.

-¿Y dónde entra aquí la cueca brava?
“Es un término que acuñó Nano Núñez (poeta y cantor cuequero), que es
el mentor de todos nosotros, y que se refiere a lo que se cantaba en
los barrios bravos, no necesariamente en los choros, que son, según la
jerga, donde se roba, donde se chorea. La cueca brava no es sólo de
choros, sino de roto chileno, que se canta en lugares donde la cueca es
guerra, donde la cueca es más intensa, más brava”.

-¿Por qué crees que cada vez hay más lugares que la integran como música fija algún día de la semana?
“Esta expresión de cueca ha calado muy hondo en la gente joven porque
es auténtica, difiere absolutamente de lo que se nos enseñaba en los
colegios, sobre todo para Fiestas Patrias, con una cueca institucional,
controlada”.

-¿Por qué surge esta diferencia entre una cueca y otra?
“Porque el origen de todo surge en los barrios bravos. Cuando se
juntaban los rotos a cantar cueca, era una catarsis popular y
obviamente quedaba la escoba. El pueblo se enfiestaba y surgía todo el
desbande, la energía de este pueblo sometido, así que no había mucho
recato y la clase media alta no veía con muy buenos ojos que ocurriera
eso”.

-¿De cuánto desbande estamos hablando?
“Siempre que había cuequeo había peleas y más de alguna vez, algún
finado. Como había competencia, con el calorcito del licor se empezaban
a echar versos ofensivos y si había una mujer entre medio peor todavía,
salían las cuchillas. Así que habiendo cueca, había pelea y algún
muerto. Por eso, la clase social media alta y la Iglesia Católica
intentaron frenar esto y lo consiguieron, sepultando esta expresión
popular que se transformó en algo más dócil, más controlado, donde la
china es la sometida y el huaso, el patrón de fundo que baila y se
luce. Es una visión bastante machista de lo que es esta danza, y así
pierde incluso la parte sensual, siendo una especie de destreza en la
cual el hombre se impone sobre la mujer”.

-¿Y qué pasa en la cueca brava?
“Puede pasar lo contrario, depende cómo bailen y de qué es lo que
ocurra en la danza. Hay ciertas reglas básicas en la coreografía, pero
hay mucha improvisación, y toda esta cosa más real, más natural y
asequible a todo el público hace que uno vea parejas bailando tan
desenfrenadamente. Le achunten al ritmo o no, bailan igual. Hoy hay una
explosión intensa, sobre todo motivada por la gente joven, de
admiración y de reencuentro por algo que siempre ha estado con
nosotros”.

Daniel se levanta a mirar una fotografía que cuelga frente a él, con un
roto chileno a caballo, tocando un pequeño acordeón (la porotera), y
junto un curadito hipnotizado con la mirada del equino.

“A través de imágenes se va entendiendo qué es el roto, que fue una
palabra muy vilipendiada, sinónimo de ser insolente, mal educado, poca
cosa, pero es todo lo contrario. La carne de cañón en la Guerra del
Pacífico eran los rotos, que no miraban para atrás y entregaron su vida
por lo que consideraban su patria, y así se les devolvió, con un puro
monumento en una plaza (Yungay) y olvido total. Los generales son los
que se llevan todo el triunfo”.

-Sin ser el aparente protagonista ha estado presente durante toda nuestra historia.
“El roto es tangencial a la historia de Chile, la cruza de pe a pa. A
través de sus cuecas está escrita la historia del país, desde el
comienzo hasta el siglo XXI, no ha parado. Ahora, después de irse a un
nivel subterráneo como napa de agua cristalina -hasta por ahí-, este
fenómeno ha sido como el desierto con semillas guardadas, que le cae un
poquito de agua y florece al tiro. La cueca es el único dinosaurio de
nuestra cultura que se mantiene vivo. Todo lo demás ha desaparecido;
quedan las danzas de los grupos folklóricos, pero no es parte de lo
popular. La cueca por algo se ha mantenido viva hasta el día de hoy”.

-¿Hay algo que no te pueda faltar en el Dieciocho?
“Podría ser cantar cueca, pero canto y la escucho todo el año. Tengo fiestas todo el año, asados todo el año...”.

-¿Celebras Fiestas Patrias todo el año?
“Más que Fiestas Patrias, celebro la chilenidad. No faltan
presentaciones y fiestas; son muchos los amigos que giran en torno a
esto, grupos y eventos que se hacen. Cada vez son más locales los que
incluyen la cueca dentro de sus actividades todo el año. Fiestas
Patrias es obviamente donde se celebra el nacimiento de la nación, pero
la fiesta de la chilenidad, por suerte, ya se está instaurando desde
enero a diciembre”.

-¿Los chilenos nos estamos poniendo más nacionalistas?
“Lo que pasa es que cuando es impuesto el asunto no encuentra eco.
Cuando sí lo encuentra es porque está hecho con seriedad, con
profesionalismo, con verdad, con interés. Cuando existe esa entrega, ya
sea musical, audiovisual o escrita, inmediatamente produce una conexión
con ese chip que, para mi gusto, es la chilenidad que tenemos todos
nosotros”.

-¿Podría justificar ese chip parte del éxito de “Los 80”?
“‘Los 80’ funcionó porque, de alguna manera, apeló a la chilenidad, a
los recuerdos, a la nostalgia, pero sin ser panfletario, sin decir así
éramos los chilenos, con un muestrario de ochenterismo. Era la historia
de una familia que vivió en esa época, pero que sus problemas son muy
parecidos a los que vive la gente hoy: problemas económicos, problemas
políticos, problemas internos de padre e hijo. Estaba hecha de una
manera muy correcta y por eso produjo el boom y ya la gente está
esperando la segunda temporada viene bien también”.

El actor no quiere adelantar nada de lo que sucederá en la serie, pero
cuenta que se hará más hincapié en la crisis económica del ‘82, lo que
llevará a la familia Herrera a una etapa más oscura en sus vidas.

“Pero eso tiene un motivo: la esperanza es el leit motiv de esta serie,
es la historia de Chile. A pesar de ser un país de inundaciones,
terremotos, problemas económicos, políticos y sociales, siempre la
familia chilena se las arregla para ponerse a flote, porque se apoya en
lo que tiene más sólido que es ella misma. Esa es la esencia de la
serie. Puede venir la catástrofe más grande, pero al final la luz está
en que se tienen entre ellos. Esa es la importancia de la familia, que
hace que esta nación sea lo que es”.

-¿Cuál es tu vicio privado?
“Me gusta estar con mi familia, la buena mesa, ir a restoranes... Eso
me gusta bastante, más que el teatro. Es un pecadillo mío, pero me
carga ir, lo paso mal, porque las veces que he ido he salido muy
defraudado por los trabajos que he visto. Al ser actor, me cuesta mucho
ser público normal. Hay honrosas excepciones donde he salido realmente
gratificado por el trabajo de mis colegas, pero la mayoría de las veces
no. Así que prefiero ir al cine, me gusta más (sonríe)”.
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Sib
Invitado


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